
Adolorida el alma
desgarrado el corazón,
el deseo de apatía trata encubrir inexitosamente
el irregular relieve del ánimo nocturno,
oscuro, frío y petrificado.
Observo el entorno congelado de la
última hora de Junio,
brisa gélida
que arrastra las olas de lluvia hasta las tierras
como cascadas de sangre hacia su tumba.
Vuelan, flotan, caen
como un suspiro,
de vida acumulada
y angustia incondicional.
Quér ganas de anestesiar los sentidos
para disfrutar la muerte,
qué ganas de vivir la muerte para
contar sus sentidos.
A veces,
Ya no quiero sentir
ya no quiero vivir
sin embargo,
no puedo dejar de escribir...