
Otro día gris, sadako se asoma a la ventana oxidada de su cuarto, marchito como su corazón...
La niebla otra vez... cubriedo con su gas, adormeciendo a la ciudad.
“Quisiera dormirme para siempre en esta tela de ebriedad a reencontrarme contigo otra vez en la dolorosa soledad...
Mis cansados brazos ya no te alcanzan y mi gastada voz no te toca, mi corazón no lo sientes y mi alma se desvanece.
Quisiera estar en tus brazos y revivir los sueños,
Volver a mentir, vivir la fantasía y dejar la realidad tras tu adictiva melodía...”
Decayendo sus palabras, enturbiando sus pensamientos, sadako deja caer el lápiz como lágrima de sangre al pozo sin fondo,
cierra la ventana...
apaga sus ojos...
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