Era crepúsculo otra vez...
Atardecer de los dioses,
vientos que tratan de despedir al invierno inexitosamente
bregando entre la luz y la sombra que trata
entre sus garras arbóreas, enmarcar al mutante cielo de Agosto...
El panorama ante mis ojos era inconstante,
dinámico y fluctuante. El paisaje cambiaba y yo cambiaba...
Me transformaba junto a él
en cómplice de cada traslocación instantánea de los juegos
visuales, transductoras de las más sensibles emociones y
escondidas pasiones; el "vivir de los sentidos".
Cada marco que barría la mirada
impregnaba una profunda huella de sensaciones
como los momentos vividos en cada instante de la vida.
Así es ella, como un camino de la ciudad
en el atardecer, juguetona, engañosa y apasionate.
Manejar entre los brazos de la arboleda urbana,
como un rotativo de fotos mentales delatando nuestro mundo interior,
confundidos ahora con el mundo del externo, fusionado con el
crepúsculo invernal;
luminoso pero frío, ardientemente gélido,
friamente vaporoso, como una cortina de gasa
que trata de proteger las más delicadas ilusiones del
corazón humano.
El volante guiaba hacia su destino habitual
pero la mente volaba hacia rumbos indetermindos
lejos de esta ciudad, lejos de esta arboleda,
quizás buscando el regazo del cielo
para usurpar un rayo de luz que
mantuviera encendida nuestra alma.
Anochecía mientras seguía en mi camino...
así como oscurece cuando crees ver la luz,
la película de imágenes catárticas de lucha
protagonizado por los colores celestiales y
construcciones terrenales parecía llegar a su fin...
Luces, brillo,
Todo cambia otra vez...No terminando de lamentar
lo pasado se enfrenta ante mi el otro mundo nuevo
oscuro pero iluminado a la vez...
Enigmáticamente vivo, sombríamente embriagador...
El paisaje ya no era el mismo...
Yo ya no era la misma...
Saturday, August 14, 2004
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