Campo de lodo,tierra de frutos,
amanecer del campo y laberintos de ciudad...
Otra vez me adentraba a el otro mundo,
mi recuerdo esta vez ya no era tan cristalino,
más bien armoniosamente caótico y apocalípticamente
bello...
Me hallo en el vasto y oscuro suelo de un lugar innominado del cual
brotan los brazos de los árboles de damascos suspendidos en el penetrante
fusccia de sus florescencias.
Rubores que contrastan brutalmente con el heterogéneo cielo apocalíptico de oscuras nebulosas, bajo los cuales se asoman atisbos de luces pálidos y luminosos.
Negro, azul eléctrico,
brisa gris, viento violeta,
flores fuscias, sangre roja...
Dramáticamente perturbador,
Apasionadamente vivo...
La escena impimió en mi mente esa flor sobre ese fondo,
como al ardiente corazón del hombre enfrentado al abigarrado mundo al cual le llevó
su existencia...
Recuerdo que el campo era vasto, la lluvia embriagaba mi mente
y el frío despertaba mi pasión por el color.
Caminaba, corría,
perseguida por la lluvia en un laberinto,
anexo al campo de los duraznos,
laberintos de paredes grises, difusas y de límites inciertos.
Corría como escapando de algo...
La visión de plástico mojado por la lluvia en los olvidados suelos,
elementos de metal indefinidos, desparramados en el lodo...
La tierra oscura del suelo me hacía añorar las florescencias arbóreas del trayecto inicial, como un viejo que quiere volver a recuperar sus esperanzas de niño.
Seguía corriendo, comprendiendo que debía seguir adelante aunque mirar hacia atrás era inconteniblemente necesario para buscar los antiguos sueños extraviados...
Fuscia otra vez, quizás siempre estuvo ahí...
Imponente, brutal, aferrados de la rama de la vida
encarando a la oscura, heterogénea e impredecible vida...
Horas después...
Desperté
y seguí viviendo
el sueño de existir...
Monday, August 23, 2004
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